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Reportaje de los Zapatistas para la Revista El Andar, California E.U.A.


"Si Zapata viviera, con nosotros estuviera" y "Zapata vive, la lucha sigue" son algunas de las tantas consignas de apoyo que los representantes zapatistas recibieron por parte de miles y miles de seguidores de México y el mundo que, a lo largo de la marcha por la "dignidad indígena", acompañaron a los 23 comandantes y al subcomandante insurgente Marcos.

La marcha, que salió de Chiapas rumbo a la ciudad de México el pasado 24 de febrero para demandar el respeto a los derechos y cultura indígena, fue un éxito; a tal grado, que el mismo presidente Vicente Fox dijo ante medios de comunicación que "Marcos iba ganando y que su popularidad crecía día con día". Muchos, incluso, han comparado a Marcos con el líder de la revolución cubana, el Che Guevara.

El éxito se percibió al abarrotar las plazas públicas de los 12 estados de la República que visitaron durante su trayecto rumbo a la capital. Sin embargo, el triunfo mayor se dio el 11 de marzo pasado cuando por primera vez el Zócalo de la ciudad de México albergó a más de 200 mil personas que apoyaron a los zapatistas y escucharon el discurso que Marcos dirigió tanto a amas de casa, como a gays y lesbianas.

El fenómeno zapatistas abarrotó también a las universidades públicas, como la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y la UAM (Universidad Autónoma Metropolitana), con jóvenes que ven reflejados en ellos sus sueños de libertad y justicia.

Se anexan a esta simpatía el gusto de intelectuales internacionales, sobre todo por el discurso zapatista, como José Saramago, premio novel de literatura 1997; Danielle Miterrand, ex esposa del ex presidente Francés Francois Miterrand; y el escritor Francés Alain Touraine, quien incluso dijo haber estado impresionado por dos movimientos en su vida: el polaco, encabezado por Lech Walesa y el Zapatismo en México. Todos ellos vinieron de su país de origen para ver y escuchar a los zapatistas.

Además, organizaciones civiles internacionales que se oponen al crecimiento del sistema neoliberal en el mundo, vinieron también para apoyar a los indígenas. Para estas organizaciones, los zapatistas manifestaron también su rechazo por la globalización económica, el día que se levantaron en armas, que fue el primero de enero de 1994, cuando México, Estados Unidos y Canadá firmaron su acuerdo de libre comercio.

Para analistas e intelectuales el éxito del zapatismo, en parte, se debe a que es la primera guerrilla que declara la guerra a un gobierno sin casi usar las armas y en lugar de ello ha utilizado la palabra, que en muchas veces es poética y no Marxista. Además de que, para muchos, esta es la primera guerrilla tercermundista que reacciona en contra del neoliberalismo, con la demanda de que se respete la dignidad de los que menos tienen.

Su impacto se facilita con la habilidad del subcomandante Marcos para escribir mensajes que han convencido, además de las clases populares, a cientos de simpatizantes de toda índole, como los artistas plásticos, los músicos, escultores, escritores y una gama infinita de seguidores.

Por ejemplo, el discurso del 11 de marzo en el Zócalo ante cientos de miles de personas, tuvo gran aceptación. En esa ocasión Marcos dijo a la multitud que los zapatistas eran "reflexión y grito" y que venían a pedirles "humildemente, respetuosamente", que los ayudaran para que "no volviera a amanecer sin que la bandera de México tenga un lugar digno para los indígenas".

"Un espejo somos", continuó Marcos en su discurso. "No la realidad, sino apenas un reflejo. No la luz, sino apenas un destello. No el camino, sino apenas unos pasos", esto generó la ovación de la multitud.

Los zapatistas dijeron que no se irían de la ciudad de México sin que se aprobara la iniciativa de Ley indígena redactada por la Cocopa, Comisión de Concordia y Pacificación, y enviada por el presidente Fox, en su toma de posesión en diciembre pasado.

Sin embargo las negociaciones en el Congreso Federal no han sido sencillas. Para empezar, la derecha, representada por el Partido Acción Nacional (PAN), al cual pertenece Fox, rechazó que los zapatistas hablaran en la tribuna de la Cámara de Diputados; pero la izquierda, en la que ahora se encuentra el PRI y el PRD, hizo mayoría y ganó la batalla.

Así que por primera vez en la historia un grupo de indígenas y además encapuchados, tuvieron la oportunidad de hablar sobre sus derechos y necesidades ante cientos de legisladores, hecho inédito.

Pero aquí no acaba la historia faltará que la ley sea discutida y en su caso aprobada para entonces poder creer que las negociaciones de paz pueden ser abiertas nuevamente entre el EZLN y el gobierno.

De lo contrario, la posibilidad de guerra seguirá latente en un país, que se dice, el 2 de julio pasado entró a la democracia, fecha en que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió las elecciones presidenciales, luego de mantener el poder por más de 70 años, y en su lugar entró el PAN, partido de derecha.




The Zapatista March

Dubbed "The Earth-Colored March" by Subcomandante Marcos, Mexico's Zapatista rebels concluded their 3,000 kilometer, 12-state march in the Plaza de la Constitución, Mexico City's central plaza, in the presence of more than 100,000 spectators, who had gathered to listen to the Zapatistas' demands.

It was indeed an historic moment in the political and social history of Mexico, a country whose governments have continually ignored the needs of the more than 10 million indigenous people resident in several different Mexican states. The 24 Zapatista rebels marched into the city plaza accompanied by various indigenous musical bands and members of the country's diverse ethnic groups dressed in brightly-colored native costume.

In his speech, Subcomandante Marcos insisted that the time had come for President Vicente Fox and his government to recognize and hear the demands of the earth-colored Indians. He emphasized that his followers, as dark as the Mexican soil itself, yearned for democracy, a sense of dignity and justice.

In front of thousands of supporters, Marcos stated that Mexico's leaders fear the growing numbers and strength of the Zapatistas, and denounced the government's conviction that their faction is insignificant and merely transitory, a supermarket item with a sell-by date. Defiantly, he declared that they would not be forgotten, and that the earth-colored peoples would not be defeated.

Marcos' 15-minute speech was primarily meant to reach his indigenous brothers and sisters; the workers, campesinos, teachers, students and farmers; the housewife, chauffeur, fisherman, taxi driver and office worker; store employees and street vendors; the unemployed; homosexuals, lesbians, artists, intellectuals, sailors, soldiers, sportsmen, legislators; men, women, young children and senior citizens.

In his eloquently poetic discourse, Marcos denied that his group aspires to hold power; he also stated that they did not presume to put a price on human dignity, and that they were not as naïve as to believe that the justice they seek would be blithely handed to them on a plate.

Rebel leader Comandante Tacho stated that they had come to insist that the government acknowledge and respect their way of life, and asserted that they would no longer tolerate being the objects of mockery and scorn. The purpose of their journey, he declared, was to demand that the Mexican Congress provide constitutional recognition for Indian rights and culture.

From the Heart of the Great Tenochtitlán, Comandante David criticized Fox for failing to meet even the three basic conditions established for the re-initiation of peace talks.

Earlier in the day, several civil organizations arrived at the Plaza de la Constitución in support of the Zapatista convoy, which had traveled to Mexico City from Chiapas in order to demand that Congress sign and approve the Cocopa Initiative, which would recognize the autonomy, rights and culture of the indigenous Indian peoples.

Students, teachers, workers, uncles, grandparents and entire families arranged to meet at the Plaza de la Constitución to await the arrival of the Zapatistas, who first took up arms on January 1, 1994 to the cry of "No more marginalization or destitution!"
Also present in the crowd were young punks with dyed hair, men and women sporting red bandannas with the initials EZLN; some arrived on bicycle, others had their dogs at their side. Many remarked on the fact that the two largest and most important television networks in Mexico, Televisa and Television Azteca, which usually send an on-site reporter to cover the country's most significant events, did not transmit a live broadcast of this historic moment.

The city's main plaza was packed to capacity, and the crowds spilled into adjoining streets. Subcomandante Marcos and the rest of the Zapatista rebels arrived atop a flatbed truck, surrounded by impenetrable security, and greeted the crowds as they entered the plaza. Marcos waved a Mexican flag, and though his face was concealed behind his black ski mask, he must surely have felt overwhelmed with emotion.

The crowd's excitement mounted as the rebels began to arrive; fathers lifted their children up onto their shoulders for a better view. Many of those waiting for a glimpse of the Zapatistas wore hats to protect themselves against the fierce heat of the sun.

The convoy drew into the plaza to cries of "You are not alone!" and "Long live Zapata, the fight goes on!" The security barriers created by the federal police and the so-called Monos Blancos, or "White Monkeys", named for the color of their uniform, provided constant protection for the Zapatistas. Also present were many international civil organizations from France, Spain, the United States, Italy and other parts of the world.

Subcomandante Marcos, keeping a firm grip on his pipe, greeted the thousands of cheering supporters who had come to see him, shouting "EZLN! EZLN!" Many Mexicans waited patiently for more than five hours yesterday, March 11, in order to be able to catch a glimpse of the Zapatistas up close. In general, the crowd's behavior was exemplary; the plaza was filled with waving flags and banners welcoming the Zapatista convoy.

It has been six years since their shocking emergence from obscurity, and the Zapatistas have finally been able to march unarmed before Mexico City's National Palace, despite the fact that peace has still not yet been officially declared. The river of human beings that flowed over the Plaza de la Constitución chanted "You are not alone! You are not alone!" and held up banners proclaiming "A Mexico without us - never again!"

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