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El IPN silencia el carillón donado a México por Holanda en 1952


* Su paradero, desconocido; estaría abandonado en una bodega de la institución
* En 1994 se destinaron 100 mil dólares para su reconstrucción
* Funcionarios niegan informes

Mónica Savage, especial para La jornada

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El carillón considerado el segundo más importante de México -primero en instalarse en el país- podría estar abandonado por el Instituto Politécnico Nacional (IPN) en una de las bodegas de la Dirección de Servicios Generales, a pesar de que en 1994 se destinaron 100 mil dólares para su reconstrucción, aunque su paradero es desconocido.
El carillón fue donado a la nación por el gobierno de Holanda en 1952 y, de acuerdo con la Dirección de Comunicación Social del IPN, la institución no tiene ningún proyecto -ni interés- para reinstalarlo.
Este instrumento de 48 campanas tocó música tradicional mexicana y piezas clásicas -que interpretó Juan José María Kox, considerado en los años sesenta uno de los mejores carillonistas del mundo- durante 31 años en el área del Casco de Santo Tomás. En 1985 las autoridades de la Dirección General del IPN tomaron la decisión de desmantelar el   carillón. En el lugar que lo albergaba instalaron Canal 11, cuya sede resultó afectada por el terremoto de septiembre de ese año. Desde entonces el instrumento se ha mantenido en silencio.


En 1994 fue remodelado por Arturo Cepeda Salinas, entonces coordinador de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), a petición de Oscar Jofre Velázquez, quien ese año era director del Politécnico.

¿Aún existe?

Funcionarios actuales impiden el acceso a la bodega en que al parecer se encuentra, por lo que no es posible comprobar si el instrumento aún existe o está completo, a pesar de que fue donado al pueblo de México.
Cepeda Salinas asegura que el carrillón está en una de las bodegas de la unidad Zacatenco. El presidente del Decanato del Cuadrilátero del IPN, Jesús Avila Galinzaga, lamenta la poca sensibilidad de los encargados de Comunicación Social al impedir observar el estado del instrumento.
Los encargados en el IPN de atender a la prensa, cuando se les preguntó por el instrumento, manifestaron su desconocimiento del mismo e incluso tuvieron que informarse sobre lo que es un carillón.
Cuando se enteraron de que en el Casco de Santo Tomás existió uno y que ahora se encuentra en una bodega, decidieron negar cualquier posibilidad de observarlo y obstruyeron toda entrevista. Esta investigación se hizo gracias a las personas que decidieron no guardar silencio.

De su historia se sabe que después de haber sido donado por la reina Juliana de Holanda, el ex presidente de la República Adolfo Ruiz Cortines decidió otorgar a los estudiantes del IPN el privilegio de escuchar la música del instrumento y por ello se mandó construir un campanario de acero que se colocó en el Casco de Santo Tomás, en torno de un parque que se localizaba entre los edificios de la institución educativa. En 1994, Cepeda Salinas propuso rescatar y rehabilitar el carillón. Para lograrlo, se apoyó del arquitecto Luis Gaviño, los ingenieros Vito García, Luis Calvillo Armendáriz y el maestro Roberto Soto, quienes se dieron a la tarea de buscar las 42 campanas que conformaban el instrumento original.
En entrevista con La jornada, Cepeda Salinas informa que sólo se localizaron 17 campanas en un almacén del patronato de Obras del IPN.

El paradero de las demás se desconocía hasta que hallaron seis, que estaban bajo resguardo de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, las cuales se prestaron a la máxima casa de estudios para que la orquesta tocara la Sinfonía Fantástica de Berlioz; las restantes se perdieron o fueron robadas. La institución devolvió las campanas.
Para completar el instrumento, Cepeda Salinas y sus colaboradores tenían que fundir 19 campanas o traerlas de Holanda. Pidieron una cotización a la firma Petit and Fritsen -de ese país europeo-, fundidora de las campanas originales, pero el costo era de un millón de dólares, mientras que la autorización para la restauración llegaba a sólo 100 mil.
A finales de 1994, al término del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, el grupo de rescatadores aceleró el paso para completar el instrumento. Buscaron campanas en Hidalgo y en la ciudad de México, donde existen artesanos que las funden, pero no tuvieron éxito.

Consultaron a la Escuela Superior de Industrias Químicas e Industriasl Extractivas (ESIQIE), cuyo director, Timoteo Pastrana hizo el análisis metalúrgico y químico de las campanas holandesas hasta que obtuvo la composición exacta de las originales.
Con base en pruebas y errores, se obtuvo el timbre y la forma adecuada. El esfuerzo valió la pena, pues, al final de los estudios, los ingenieros ampliaron el carrillón de tres a cuatro escalas, con lo cuál éste llegó a 48 campanas. La más grande pesa 1.6 toneladas y la más pequeña 15 kilogramos.
Los ingenieros también diseñaron una estructura que facilita el desmonte de aquéllas para hacer más práctica su colocación en una torre que se iba a construir especialmente para el carrillón.
La obra nunca se llevó a cabo a pesar de que el ex director Jofre Velázquez "quería que la torre del carrillón quedara en el centro de una plaza que albergaba varias secretarías y la Dirección General", según declara Cepeda Salinas.
Después cuando se pretendía edificar un museo tecnológico en la zona de Zacatenco, incluso hasta ahora, el nuevo director, Diódoro Guerra Rodríguez, pensó que en el patio del museo se podría instalar el carrillón, aunque ello no se hizo.

Imanes, ondas electromagnéticas y computadoras

De acuerdo con Cepeda Salinas el instrumento reconstruido no funciona de la manera tradicional, es decir, no utiliza badajos ni poleas; en su lugar se usan imanes y ondas electromagnéticas y una memoria de computadora puede guardar la más diversa selección de melodías.

-¿Sigue completo? - supongo que sí, no creo que lo hayan desmontado ni le hayan quitado cosas.
-¿Cuál fue su interés por reconstruirlo?- comenzó cuando trabajamos en la remodelación del ex convento y la iglesia de San Lorenzo, instalaciones que fueron donadas por Benito Juárez a la escuela de Artes y Oficios, en 1867. Propuse al entonces director, Jofre Velázquez, que reconstruyéramos el carillón y lo pusiéramos en el centro del convento; no quiso que se colocara en ese lugar, aunque sí autorizó el presupuesto para rescatarlo.
"El carillón tubo una vida a partir de 1954 y hasta 1985. Realmente no había concierto cada semana, pero sí eventualmente. Después del 85 empezó su mala suerte, pues se tumbó para que Canal 11 se expandiera".
-¿Las autoridades no tuvieron la sensibilidad para respetar el espacio del carillón?-
- Eso pasó, o bien dijeron: "tiene que crecer Canal 11, porque también es una parte importante del Politécnico, movamos todo".
-¿Es muy complicado que ahora se pueda hacer la torre par colocarlo?-
- En los ambientes gubernamentales se complica porque todo el mundo anda buscando acomodo ahora que han pasado las elecciones presidenciales.
-¿Corre el riesgo de volver hacer abandonado por completo?-
- Sí, sin lugar a dudas, porque obviamente si la gente ve que está ahí y nadie lo pela, se pueden robar de nuevo las campanas.

Foto: Archivo Histórico del IPN/ Omar Meneses.

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