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La cara " buena " de la guerrilla " mala "

Sierra Madre Oriental, México, 4 de febrero de 1998.- Se oye a lo lejos él son huasteco. Nos piden que paremos. Permanecemos callados sobre una vereda; a nuestro alrededor hay cafetales, árboles de naranjas y limones. Volvemos a caminar unos cuantos metros y ahí están los músicos: uno con su violín, otro con su jarana y otro más con su guitarra:


" ¡Esas Huastecas
yo no sé lo que se tendrán,
el que una vez las conoce
regresa y se queda allá!,
¡Huasteca linda
cómo te voy a olvidar
Si nací con tu querencia!..."

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                                                                                                                                                                        Foto: Víctor Mendiola


Así fuimos recibidos por el Ejercito Popular Revolucionario (EPR) y el partido Democrático Popular Revolucionario (PDPR). Los soneros traen el rostro cubierto con paliacates, al igual que los más de 150 hombres, mujeres, jóvenes, adultos y viejos que se congregaron en ese lugar. Todos de pie frente a una mesa con mantel verde y la insignia del EPR. Algunas mujeres lucen hermosas blusas bordadas a mano, mientras que los hombres están impecablemente vestidos de blanco. La mayoría cubre su cabeza entera y sólo dos orificios dejan ver sus ojos. En el llano hay lugar para los reporteros y fotógrafos que fuimos invitados a un encuentro con la guerrilla y que nunca esperábamos un recibimiento similar y menos que los eperristas también fueran soneros. Ellos siguen tocando, ahora un cordial a Lucio Cabañas y otro el EPR, también una cumbia. Dicen que para ponernos alegres. Contrasta con el encuentro que, por ejemplo, tuvieron en el 96 un grupo de periodistas invitados a una rueda de prensa y que finalmente fueron testigos presenciales de un enfrentamiento armado entre eperristas y la policía de la Crucesita, Huatulco.

Es un día de conmemoración, es el inicio de la Campaña Insurgente por una nueva constitución, es un día en el que el EPR y sus bases de apoyo quieren hablar ante los medios de comunicación de lo ocurrido en Chiapas con la muerte de 45 indígenas en Acteal, de los acuerdos de San Andrés, de las próximas elecciones, de la responsabilidad de Cuauhtémoc Cárdenas con su nuevo gobierno, de su futuro como grupo armado y partido, de sus esfuerzos para constituir una unidad con el EZLN y otras fuerzas políticas, a pesar de que el subcomandante Marcos dejó claro que andarían por caminos distintos...
Cantan todos el Himno Nacional y después habla la palabra, pero también las miradas de esos rostros ocultos por paliacates de todos colores. Habla la palabra pero también esos brazos y manos que se recargan en bastones de madera y esos pies descalzos que pisan suelo insurgente desde hace quién sabe cuánto tiempo. Habla la palabra pero también las armas de los más de 30 hombres y mujeres, que se hacen presentes esa tarde soleada, con su uniforme de pantalones café, chamarra verde olivo, botas negras, gorra y paliacate oscuro.

El maestro de ceremonia dice a los periodistas: "compañeros, compañeros: lo que realizan es una labor muy importante para nuestros pueblos. Por nuestro pueblo, bienvenidos". Contrasta el trato con la insistencia, la noche anterior, de mantener la cabeza "agachadita" en el camión de redilas que nos condujo a un lugar de la Sierra Madre Oriental. Contrasta con el acento militar que se dio en otras acasiones con la prensa en lugares cerrados del Distrito Federal, ahora el encuentro es con las bases indígenas. Se asemeja más a los promovidos por los zapatistas: hay música, colorido, celebración. Se prenden 45 velas por los caídos en Acteal.

Una joven se pone de pie para leer un comunicado en relación al inicio, el 5 de febrero, de una Campaña Insurgente ¡Por una nueva Constitución! Se oye el llanto de los niños, sólo están los brazos. Dice que desde 1917 casa 5 de febrero se conmemoran en nuestro país dos acontecimientos: el del México de "los de abajo" y el del México "de los de arriba"... El de los de abajo conmemora las conquistas logradas con su sangre en los campos de batalla, mientras que los e los de arriba, - se detiene al tratar de pronunciar la palabra "oligarquía" - celebra su dominación política y los beneficios máximos impuestos mediante la traición a todo el pueblo.

El comandante José Arturo está sentado entre la teniente Adela y otro de sus compañeros del EPR. Indica que lo que estamos viendo es una representación de una raíz indígena del EPR y del PDPR que no surge el 28 de junio de 1996, cuando apareció por primera vez a la luz pública su ejército y que Cuauhtémoc Cárdenas calificó de pantomima.
Habla después de la campaña que se llevará a cabo en los estados del país en los cuales han hecho acto de presencia, como son Chiapas, Oaxaca, Guerrero Michoacán, Tabasco, Valle de México, Puebla, Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí y Tamaulipas. La campaña tiene por objeto dar a conocer su proposición por la masacre sucedida el 22 de diciembre de 1997 en Acteal, Chenalhó, Chiapas.

En su declaración política de 17 puntos llaman a mantener la "unidad y la cohesión revolucionarias" y dicen que frente a masacres como las de Chenalhó y Aguas Blancas "la autodefensa armada revolucionaria reafirma su carácter legítimo y necesario".
Explican que se requiere una nueva constitución que incorpore los acuerdos de San Andrés y los que emanen de un nuevo Constituyente.
Para el grupo armado, la masacre de Chenalhó "es un síntoma inocultable de la guerra civil promovida y organizada por el gobierno en distintos puntos del país, sustentada por los paramilitares, reclutados, entrenados y organizados por el Ejército Federal".
Desde su perspectiva, existe una ofensiva integral contra el EZLN, que pretende obligarlo a renegociar los acuerdos de San Andrés y finalmente forzarlo al desarme.

El comandante José Arturo habla con voz pausada y firme, en ocasiones pareciera la voz de un catedrático universitario. Denuncia la represión y guerra sucia desatada por el gobierno contra las comunidades indígenas en los Loxicha, Oaxaca, y en los pueblos de la sierra y costa guerrerenses, precisamente los lugares en los que en el 96 se hicieran presentes en enfrentamientos con la policía estatal y municipal, y que dejó como saldo varios muertos, heridos y por ende la militarización.
Entre el llanto de los niños presentes y ante la mirada de los eperristas, el comandante hace hincapié en que la estructura del EPR no se encuentra rota como afirma Diódora Carrasco en Oaxaca: "no lo está en ninguna parte donde hemos hecho acto de presencia".

En relación a su postura sobre los acuerdos de San Andrés el comandante José Arturo dice que el conflicto no se reduce sólo al estado de Chiapas, sino que es de carácter nacional e indica que el conflicto tendrá solución en la medida en que el gobierno se someta a la voluntad popular, pues de otra manera, "escalará y tendrá mayores dimensiones con consecuencias negativas", que no quisiera para el pueblo de México.
Más adelante, acepta que estarían interesados en una paz, pero no la que está ofreciendo el gobierno. "No estamos apostando únicamente a las armas. Desde luego que creemos necesario que todos los actores políticos en México debemos intentar buscar una salida política a este conflicto. Sin embargo, en las condiciones actuales creemos que un diálogo con el gobierno no sería posible por todo el proceso de militarización que se ha incrementado".
Advierte que de no cumplirse con las demandas de solución a la problemática de los diversos sectores sociales, el conflicto se agudizará y su desarrollo, como partido y como ejército, apuntará a consolidarse y fortalecerse no sólo en los estados donde han hecho acto de presencia.

En el intercambio de preguntas y respuestas, acepta que al no estar dentro de una ley, ni dentro de un proceso de diálogo y pacificación con el gobierno, sus espacios se limitan y reducen. También dice que el Estado ha creado una estrategia con el mito de una guerrilla buena y una mala, mientras que en los medios de comunicación perciben también pocos espacios. "Quizás porque no somos una figura muy simpática, muy cómoda para otros proyectos, somos excluidos; es decir, la intolerancia no viene de nuestra parte, la intolerancia viene de parte de otros agrupamientos sociales, políticos". En el plano internacional, explica, hacen un esfuerzo para que la izquierda radical, dura, que está resurgiendo, no lo separa de la izquierda que ha simpatizado con el proyecto del EZLN, y que tiene que ver con la sociedad civil.

"Nuestros esfuerzos son unitarios. Dejar sentadas las bases de lo que podría constituir una unidad con el EZLN y con esas fuerzas, en la medida que otras fuerzas políticas estén dispuestas a hacer un esfuerzo por la unidad. Cuando nosotros hablamos de todas las formas de lucha estamos planteando la necesaria unidad de todas las fuerzas de la izquierda, sean éstas armadas o no armadas".
Al hablar del socialismo y de tolerancia, el comandante considera que para convertirse en utopía necesaria, posible, realizable, se tendrá que discutir y señalar por todos de qué manera concretar el socialismo en cada país o en cada circunstancia histórica, y que ahora se habla de tolerancia ideológica porque el derrumbe del modelo eurosoviético también trajo consigo el derrumbe de ciertos esquemas que dentro de la izquierda predominaron. "La tolerancia tiene que ver con la inclusión de todos aquéllos que no piensan como nosotros pero están interesados, como nosotros, en la construcción de un México más justo y democrático", agregó.

Desde su perspectiva, a pesar de que los caminos políticos siguen abiertos y que prueba de ellos es el triunfo de la izquierda en la ciudad de México, la lucha armada se hace necesaria porque existe una convergencia de desarrollo desigual y combinada en todo el país. "Mientras en la ciudad de México la lucha electoral, de manera coyuntural adquiere una importancia para construir espacios democráticos, en otros puntos del país no es la lucha electoral sino la autodefensa armada".
"Creemos que esos espacios democráticos que hoy se abren, porque así lo ha decidido el pueblo de México, constituyen espacios que el Estado trata de aprovechar para aparentar una normalidad democrática que no existe en nuestro país, pues hay cada vez más ingebernabilidad. Pero de no haber aceptado estos triunfos, el gobierno estaría abriendo las puertas de par en par hacia un proceso en donde la lucha armada constituya una forma fundamental de vida. Sin embargo, en estos momentos no consideramos que sea, en el contexto nacional, la forma fundamental por medio de la cual se manifiesta el descontento popular".

Desde su visión, el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas significa un espacio político muy importante conquistado por la ciudadanía, pero indican que el PRD está obligado a cumplir la plataforma, el programa político enarbolado frente a esta ciudadanía. Al referirse al ingeniero Cárdenas, el comandante José Arturo dice que aún es muy temprano para hacer un pronunciamiento en relación a su gestión. De su parte, indica, han considerado necesario no ser un factor de inestabilidad dentro de esta administración, lo cual no les "ata las manos".

En relación a la próximas elecciones consideran que la coyuntura electoral va a reactivar la lucha social que se está dando en México en este final de siglo y nuevamente se va a dar una recomposición de las diferentes fuerzas políticas. "Dentro del gobierno y los grupos de poder se está dando una lucha fuerte. Creemos que el asesinato de Colosio y Ruiz Massieu son el inicio de esa pugna entre la clase gobernante en donde existen jalones, fundamentalmente en dos grupos: uno trata de darle continuidad al proyecto neoliberal, cueste lo que cueste, y otro que está tratando de retomar aquellas banderas del nacionalismo revolucionario, sostenidas durante varias décadas por diferentes gobiernos, y tratar así de darle una salida a este conflicto. Sin embargo, creemos que estos grupos que hoy retoman banderas de nacionalismo revolucionario, no constituyen una opción real para el pueblo de México".

También consideran que habrá un reordenamiento de las fuerzas de izquierda y un mayor fortalecimiento de éstas. Pero aunque la izquierda ganara en el 2000, ellos no pensarían en deponer las armas, ya que a pesar de que sería importante que un sector democrático ganara posiciones dentro del gobierno, esto, desde su visión, o consolidaría nuevas formas de dominación política o constituiría verdaderamente una tentación hacia la democracia.
"Esto implica necesariamente un nuevo Constituyente, al cual nosotros nos subordinaríamos. Creemos que la figura política de un nuevo Constituyente está presente, está cercana en todos estos conflictos que vivimos los mexicanos y es está propuesta la que hemos asumido como una posible solución al conflicto armado".
Una de las paradojas de fin de siglo, dice el comandante José Arturo, es que la transición pacífica a la democracia requiere necesariamente la presencia de las armas. "No estamos diciendo la acción de las armas".
Terminando la entrevista, nos preguntamos si en el fondo el objetivo de este encuentro ha sido borrar esa imagen de guerrillero ortodoxo de los setenta, y que ahora el EPR busca incluirse dentro de la imagen zapatista que ha tenido aceptación, incluso, a nivel internacional.

Cuando llegó la "hora de la fiesta" pasamos al fogón donde se cuece un caldo de carne con verduras. No sirven primero a nosotros. Seguimos platicando con el comandante José Arturo y otros de sus compañeros. Uno de ellos nos cuenta del entretenimiento que indígenas de la región han recibido por parte del ejército Mexicano con el objetivo de formar grupos paramilitares. Aprovecho para preguntarle a José Arturo que si ellos, como asegura el EZLN, obtienen sus armas precisamente del Ejército Mexicano. El asistente, aunque dice que principalmente del mercado negro. Adela interviene y menciona que no han tenido problemas para conseguir armamento, pues al parecer, es un buen negocio para quien lo realiza. Lo que sí, dice, ningún contacto o trato con el narcotráfico, ninguno.
Se rinden los últimos honores a la bandera mexicana y enfilados desaparecen los eperristas antes de que anochezca. El encuentro termina.

En 1996 el gobierno califica al EPR como la "guerrilla mala"; en expresión de Cuauhtémoc Cárdenas su aparición fue una pantomima; ante los medios de comunicación lucían radicales, hoscos, intransigentes. Hoy, entre sones y cafetales vemos una cara distinta que, como la zapatista, habla en lengua indígena, toca música popular y prende veladoras por los caídos en Acteal, pero ¿es ése el verdadero rostro del EPR?

 

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